El verano latino se va a los malls

En esta época del año, se llena la ciudad donde vivo, mi ciudad, de turistas nacionales y extranjeros, con sus prácticas estivales.
La calle Valparaíso, se inunda de grupos organizados vendiendo, ilegalmente en la calle, lo que los gestores del mercado pongan en sus manos. Transita la gente, a lo mejor sin destino, en el mejor de los casos, con la metas de llegar al mar y la arena pronto.
Ecos en los medios de comunicación informan de un Papa que visita nuestro país, pero en esta ciudad, no se siente. Ecos de destrucción de la política que en estas avenidas y calles no tiene presencia en las entes acaloradas de quienes huyen de la realidad.
Feria de libros y de artesanías, desiertas en el día, repletas de procesiones turísticas en la noche. Arte para masas, libros para pintar como lo hacen en los jardines infantiles, bichutería barata para ese nuevo lugar de la estética que es la mente consumista.
Calle 15, lugar de malls, abarrotada de gente que transita de acá para allá, filas que entran e inundan el edificio que cobija las ofertas de verano.
Es difícil caminar en esta época por nuestras calles, en todas partes encontramos rituales simbólicos del acto dominante de comprar y vender, no hay espacio para sentir el aire o descansar la vista.
Pero, ese mar humano que vaga sin destino aparente, me permite descansar el alma y olvidarme del 24x7 que exige la sociedad líquida contemporánea.
Estamos de vacaciones ya.


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