ESCENARIOS DE UNA EPIDEMIA CONTEMPORÁNEA: LA MUTACIÓN PANDÉMICA DEL SER HUMANO
La soledad del confinamiento con fines de preservación de la vida, nos coloca en la disposición existencial básica: estamos solos frente a la muerte. ¿No es esa la condición que nos hace a todos/as filósofos/as?

Las escenas cotidianas de la última década, como telón de fondo
El escenario de las últimas décadas nos ofrece un panorama complejo y de alcance global: una sociedad de mercado y del entretenimiento (fundado en el desarrollo del capitalismo), donde las personas son consideradas como clientes (para Zygmunt Bauman además, una cultura de mercado transversal a todos los sectores sociales); Estados gerencialistas y tecnócratas que han disminuido su papel regulador, concentrando su atención en el subsidio a la iniciativa privada y la administración de la marginalización y exclusión socioeconómica (el “daño colateral” al que alude Bauman; los guetos y parias urbanos estudiados por Lois Wacquant), mediante políticas subsidiarias de gasto social focalizado y mínimo, fundamentalmente dirigido a la filantropía y a la descarga tributaria de las grandes empresas.
En este escenario se manifiestan fenómenos de deterioro y precariedad de la vida cotidiana social (Castel) y malestar de la población (Lechner), de la destrucción apocalíptica del medio ambiente, de la precarización del trabajo y la flexibilidad del empleo (Castel), del vaciamiento de sentidos ciudadanos de futuro, de la destrucción de colectivos (Pierre Bourdieu), todo esto transparentando la desigualdad, la marginación, la exclusión. Predominan la alienación, el individualismo, el egoísmo y la presencia de altas tasas de problemas de salud mental: suicidio, depresión, burnout, déficits atencionales, etc.
La vida social, el trabajo y el ocio son parte de los nichos del mercado donde se reciclan las prácticas socioculturales y políticas y, se imponen nuevos gustos e imaginarios, ahora asociados a una cierta ideología tecnológica de vivir (la construcción de identidades pre-a-porter estudiada por Paola Sibilia).
Al mismo tiempo, se observa un debilitamiento de las institucionales tradicionales de la sociedad civil que también se manifiesta en la desconfianza y malestar de la gente. También nos encontramos con una creciente y sofisticada represión policial y militar constante y selectiva hacia el liderazgo social bajo el lema del “estamos en guerra”.
Los Medios de Comunicación Social o de Masas (MCM) completamente privatizados (aún los del sector público), se orientan principalmente a la manipulación ideológica de las masas, con la aparición progresiva del relativismo ético y la administración de las “fake news”.
Paradójicamente, conviven en este escenario, un rastro aún presente de asociacionismo comunitario y local, así como efervescentes movimientos sociales articulados a través del uso intensivo de redes sociales y prácticas artístico culturales, fundamentalmente de jóvenes, mujeres y voluntariado social. Estas corrientes manifiestan principios valóricos humanistas tradicionales de carácter ético modernista e idearios utópicos clásicos, constituyéndose en una “reserva moral” de esta sociedad altamente globalizada.
El caso “Evadir” en Chile
A seis meses del “estallido social”, todavía en etapa de mayores y mejores descripciones y trabajo arqueológico para llegar a comprensiones más profundas y certeras (si eso fuera posible), la lectura inicial del estado de pandemia en el que nos encontramos se contamina de la pasión puesta en la nueva historia/mito nacional, marcada por un ejercito simbólico de marginados, discriminados y excluidos que se enfrenta con estrategias creativas de lucha urbano territoriales al poder estatal, gobernado por un sector conservador e ideológicamente celador del modelo de sociedad neoliberal.
La consigna por “evadir” que inaugura desde los jóvenes este nuevo escenario, da paso a una reorganización precaria, flexible y temporal de formas de acción y participación ciudadana de base. Al mismo tiempo, se construyen desde los espacios virtuales un periodismo social horizontal que enfrenta la práctica dominante de los MCM y contribuye a la transparencia y fortalecimiento de una cultura de resistencia (expresada en muros, performances artísticas, marchas, barricadas, voluntariado colaborativo, denuncia y reflexiones en redes sociales).
En estos días de confinamiento, las mas de las veces autoimpuesto por la cordura social, las imágenes establecen por el momento, un cierto impasse, solamente roto por las acciones represivas selectivas (que aparecen como aleatorias o irracionales) hacia sectores urbano populares y dirigentes sociales y la intervención y borramiento del lenguaje crítico simbólico instalado en muros, calles y edificios (observar la intervención presidencial en el eje simbólico de Plaza de la Dignidad, por ejemplo). La manifestación social se concentra en la reacción a estas intervenciones, la denuncia de las fake news, la defensa de ataques focalizados y la expresión de desamparo de zonas territoriales marcadas por el microtráfico, el aumento sostenido de la delincuencia y la ausencia de apoyo de salud.
El efecto Pandemia
La pandemia ha puesto el rol de los estados nacionales y de la sociedad civil en un primer plano: se constata la desregulación de la cual ha sido objeto del Estado y sus efectos en el deterioro y aislamiento de los dispositivos sanitarios públicos y el nivel de desmantelamiento del aparato productivo industrial, dos polos estratégicos para políticas de control sanitario y declives económicos que afectan a las poblaciones más vulnerables.
Asimismo, se evidencia la ausencia de una gobernanza global y de cooperación internacional. Al contrario, se observan comportamientos competitivos que rayan en la ilegalidad y piratería y por otro lado en posturas de confrontamiento directo entre países.
La economía neoliberal se encuentra desde cierto punto de vista en jaque (recesión inminente y aumento de problemas sociales) aunque no se ven alternativas de modificación del modelo, en los criterios de los decisores de políticas y los agentes económicos del 1% más rico. La inyección de dinero virtual y aumento de las deudas externas en Europa y Estados Unidos podrían explosionar en el mediano plazo con efectos de irradiación a toda la sociedad globalizada.
El movimiento del voluntariado a su vez se encuentra asociado a los grandes movimientos sociales y culturales lo que se expresa en acciones de horizontalidad barrial, comunitaria y local en general, de escasa visibilidad y fragmentadas. El protagonismo de la OMS, aislada por el discurso norteamericano de complicidad con China expresa la invisibilidad de las dinámicas socioculturales y protagonismos de la sociedad civil.
J. Alonso, acuña cinco narrativas sobre este escenario, circulantes en los medios intelectuales: El jaque mate al capitalismo existente (lo cual puede significar sólo la final de la 3ª temporada “neoliberal”); el uso del virus como genocidio de los sobrantes; un experimento y control social; una pedagogía fascista el enemigo (el infectado); la caída de la creencia sobre la supremacía humana.
Desde otro punto de vista, se trata de narrativas que se debaten entre cuatro alternativas: hacia una mutación social que obliga a la modificación de la estructura económica; hacia la consolidación de dictaduras con control tecnológico global; hacia una transformación social desde abajo que incidirá en lo macro; hacia una “enseñanza valórica” que permitirá pensar y proponer una sociedad más democrática, con reformas sociales más profundas.
En referencia a las situaciones y acontecimientos cotidianos (de carácter fenomenológico descriptivo) podemos observar algunas distinciones del vivir los efectos del estado de la pandemia:
Lo personal se espiritualiza y nuestras narraciones individuales ya no son válidas para soportar la sujeción del sí mismo, sino que están arrojadas obligatoriamente al otro (la convivencia con los cercanos y la sensibilidad frente a los que vemos morir en las noticias o en nuestro circulo) y, a lo otro (el virus, los virus en general, las distintas especies que conviven en nuestro planeta común, los aspectos ecológicos, la concepción de lo natural, etc.). Posturas que se debaten entre mantener el odio al otro por su amenaza a mi integridad y la donación del sí mismo hacia salidas culturales y cognitivas colaborativas y comunitarias.
La soledad del confinamiento con fines de preservación de la vida, nos coloca en la disposición existencial básica: estamos solos frente a la muerte. ¿No es esa la condición que nos hace a todos/as filósofos/as?
Las relaciones de pertenencia se visibilizan en el ambiente de redes, están aquí y ahora presentes en lo global y a la vez en lo individual. La conciencia de ser una especie y no sólo individuos clasificados por categorías racista-ideológicas, se contrasta con las formas de vida y adaptación al ambiente que adopta el virus. Asimismo, la emergencia en la retina comunicacional de la “naturaleza” invadida y exterminada que reflorece y de la recuperación de zonas ambientales depredadas. Empezamos nuevamente a especular sobre nuestras capacidades de evolucionar y de tolerar la vida en común, sin perder con una obsecuencia liberal añeja, nuestras individualidades.
En otro registro de lo social, pasamos de los centros sociales de mercado, centros comerciales, eventos masivos musicales y deportivos, el ocio de playa, las procesiones turísticas permanentes, es decir, de todos los dispositivos de convivencia de las sociedades de mercado, a un retorno al “hogar”, a la intimidad de pareja, a la crianza de los nuevos, en general a todo lo postergado por el tiempo acelerado y el consumo desmedido. Esta claro que esta dimensión imaginaria se entrecruzará con los intentos que continuarán de internalizar las prácticas de ocio-mercado que han marcado la biopolítica contemporánea. Existe una exigencia de “lo personal” en el insigth o la conciencia de nuestro estar siendo para ejercitar las decisiones particulares futuras.
En otro orden, tenemos una mutación productiva que se acelera en estas condiciones de encierro, a través de la actividad del teletrabajo. Toda la revolución tecnológica anunciada desde la promesa de la sociedad del conocimiento y la “cuarta revolución industrial” se nos viene a la casa y a la cabeza: uso intensivo de Tic’s bajo el lema 24x7, el avance incontenible de la automatización de procesos (lo cual ha provocado el fin de millones de puestos de trabajo), el aceleramiento de la producción biotecnológica controlada por el tecnopoder (grandes farmacéuticas y compañías de seguros que administran la enfermedad y la cura desde los parámetros de la acumulación de capital). Todo esto conlleva la obsolencia productiva de la industria y de los servicios tradicionales, el aumento del desempleo, la reconversión de competencias laborales y la instalación de la “gran minería de datos” como modo de producción dominante (simbólicamente similar al modo de producción fordista que caracteriza la tercera revolución industrial del siglo XX). Según Rodrigo Karmi, estamos en una sociedad “algorítmica”.
Por último, es importante constatar que el futuro se escribe hoy desde las gestiones estatales cuestionadas por sus ineficacias, cortos puntos de vistas e intereses corporativos financieros: recesión económica, apretón del cinturón, hambre, sacrificio humano de los más vulnerables (ancianos, niños, pobres, migrantes), represión militarizada, control tecnológico de nuestras vidas. Se pide que mantengamos y profundicemos la desigualdad estructural como una protección necesaria frente a una guerra inexistente contra un virus mutante, silencioso y eficiente. Y lo hagamos en forma individual y competitiva, autogestionando nuestras oportunidades de sobrevivir. Es una narración apocalíptica del “sálvese quien pueda” mientras el 1% más rico, ya tiene comprado sus pasajes para colonizar Marte en diez años más. Veremos si emerge una nueva narrativa mas humana y positiva.
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